La experiencia de Burger King en casa

Ni lo sabía. Volviendo a casa días atrás vi una de esas motos que no pasan de cincuenta. Desembragué, metí segunda y me puse detrás esperando que la calzada me permitiese adelantar. “Va, mosquito muerto, aparta”. No era un buen día. Aún así, me sorprendí. Vi que la moto tenía el logo de Burger King y una web debajo: www.burgerkingencasa.es. Llegué a casa, me senté delante del ordenador e indagué. Sí, ahora la multinacional americana servía a domicilio. Cuando digo ahora me refiero hace unos años. Es lo que tiene vivir dentro de una burbuja, que no te enteras de los beneficios de la globalización.

Pues nada, esperé mi momento. Y como todos los momentos, llegó. Era el día en que cocinar no era una opción y que probar un nuevo servicio a domicilio podía ser divertido. Cierto es que con los dedos de una mano podría contar las veces que he comido en un Burger King, mi experiencia no da como para explicarte lo que es un Whopper, doble Whopper o la madre que parió a Chanquete. Pero en esto de comidas a domicilio, comparar calidad/precio y deducir otro par de cosas, puedo servir. Vamos a desgranarlo para que sea más fácil de digerir.

EL PEDIDO ON-LINE

Los de marketing jugaron bien el partido. Es como el supermercado, te ponen a la altura de los ojos lo más apetitoso, y justo al llegar a la caja para pagar te acuerdas que te faltan las pilas o los chicles, básicamente porque los ves ahí. Pues aquí igual, pides tu menú con nombre yankee y cuando haces click para pedirlo te aparecen los complementos a elegir. Una genialidad sólo al alcance de muy pocos. Pero ahí no está lo mejor. Lo mejor llega cuando te das cuenta que el pedido mínimo son 15 euros y el menú no llega a diez. El puzzle encaja: para algo servían los complementos. Que soy un genio apurando no lo saben sólo en mi casa. Esos ocho céntimos de más me dolieron como una puñalada en la yugular.

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Una hamburguesa pepino pero sin pepinillo, unos crujientes de pollo y unas bolas rellenas de queso Philadelphia. Unas patatas y un Trina. Uno. Toma ya. Le doy al OK sobre las 21.30h, y me pone que como máximo y aproximadamente — sí, las dos cosas — tardarán 120 minutos. Una voz en mi interior decía que no confirmara, que eso de levantarse para enviar un fax a las tres de la mañana no podía ser bueno. Luego entenderéis por qué.

ESTADO DE TU PEDIDO

Esto merece un libro a parte, un anexo, una telenovela. No sé, algo. Cuando leí lo de 120 minutos como máximo y aproximadamente pensé, literalmente: “Joder, se curarán en salud, dos horas no las tarda ni Gaudí”. Y cuando confirmé el pedido y descubrí que podía saber en qué estado estaba mi comida fue emocionante. No podía funcionar mal un servicio a domicilio que te informa de cómo está tu pedido. Bien, está anotado carallo.

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Estaría bien anotado, con bonita caligrafía, en Comic Sans si lo veían en el monitor. No querrían ‘desanotarlo’. De hecho, no querían cocinarlo. El estado de mi pedido estuvo en el cuadradito azul de ‘Anotado’ una hora y treinta minutos aproximadamente — y como máximo, eh majetes —. Ese fue el momento en que saqué a descongelar una pizza cuatro quesos, por si áca.

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Que sí, que te envían un mail de agradecimiento por contar con ellos, conforme el pedido está en marcha y asegurándote que tu opinión vale un Whopper. Un Whopper es lo que le voy a dar al que inventó esto. Qué desesperación. Avanza, ya vamos por el amarillo, en cocina. Este es un paso duro, porque es cuando te empiezan a venir a la mente imágenes de cocinas de fast food, grasientas, con ratas en las freidoras y aceites color petróleo. El tiempo en cocina fue bueno, eso sí.

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Bien, aquí llega un problema. No, no soy yo el que se ha saltado ningún paso. Fueron ellos. O eso o conducen el Mercedes de Hamilton. Cuanto menos curioso. En este paso te empiezas a cuestionar el por qué de tu existencia, el por qué de tu elección y el por qué llevas la ropa que llevas. Es genial porque en la pantalla de mi ordenador leo que está entregado pero nadie ha llamado al interfono. ¿Lo habré soñado?

“SOY EL DE BURGER KING”

No, era cierto. Lo habían conseguido. Después de nada más y nada menos que una hora y cincuenta y dos minutos llega mi pedido. Le abro y sube un chavalín, de estos a los que les toca comerse el marrón cada dos por tres. “Hémoh tardáo un poquiyo ¿no?”, me dice con voz entrecortada. “Tranquilo, no te preocupes, habéis hecho lo que habéis podido”, le contesto. Era simpático, las cosas como son. Y además es un tío válido, capaz de conducir el Mercedes de Hamilton.

LA ÚLTIMA CENA

No estaba Judas Iscariote pero estaba Burger King, que viene a ser lo mismo. Siempre he querido hacer de crítico de cocina. Llegó mi momento. ¿Véis? Siempre llega, que se lo digan a Faubert. Vamos de menos a más. De menos malo a más malo quiero decir. Siempre teniendo en cuenta el contexto de fast food y gran multinacional, por supuesto.

  1. La bebida, los ketchups y la mayonesa. Os prometo que sabían igual que los que compra mi madre. Fijaos. Eso sí, de mayonesa me harté, con el único botecito que me dieron aproveché para untar unas cuantas ensaladillas rusas.image (1)
  2. Bolas de queso Philadelphia. Fue el tapado de la noche, fue el Villarreal, el Borussia o el Everton, que siempre están ahí pero nunca acaban de ganar. Me sorprendieron gratamente, aunque aquí no hubiera venido mal Dios, por eso de que multiplica los panes y los peces. No sé si me explico. Ojo al documento gráfico.image (2)
  3. Hamburguesa doble Cheese Bacon XXL sin pepinillo. Es como llamar desaceleración económica a la crisis, como decirle a un calvo que es un ser humano con bello exponencialmente desfavorable o como argumentar al policía que no ibas borracho, que sólo poseías un estado de engañosa visibilidad con motricidad reducida. Pues que para todo lo que pudo haber sido, nada fue. Una hamburguesa bastante normalita, en la que hay que buscar por todos lados lo que llaman ‘doble’ y lo que llaman ‘XXL’. O la tiene muy grande o la otra era muy pequeña, señor King. Dicho esto, las momias egipcias llevan menos tiempo en las pirámides que estas hamburguesas en la nevera. Apocalípticas. image
  4. Patatas clásicas L. No tienen demasiada historia. Mediocres como la vida misma. Sólo hay que apuntar la desproporción con la mayonesa, que se me acabó a la mitad de la caja de potatoes.
  5. Crujientes de pollo. Por este aro sí que no paso. En cada mordisco se me venía a la cabeza el aceite color petróleo que mencionaba antes. El sabor a ceniza ahumada era intenso. Y pese a ello, le tengo que dar las gracias a este producto. Me ha hecho entender el significado del packaging de la marca: “Sabor, sabor, sabor”. image (3)

LA SOBREMESA

Como organismo perfecto que soy, tengo un reloj dentro de mí que me hace acudir al trono cada día a la misma hora. Salvo incidencias. Llame al Burger King incidencia o llámelo casualidad. Las malas lenguas dicen que los productos en este tipo de cadenas contienen laxante para que sigas queriendo comer más. No llego a decir eso, pero sé lo que viví. El trono me miró extraño y me habló: “¿Qué haces aquí a estas horas? ¿Que no puede uno dormir tranquilo?”.

RECOMENDACIONES 

No voy a concluir diciendo si debes pedir aquí o no, ni siquiera recomendando una hamburguesa u otra. Acabaré dando un breve listado de recomendaciones para actuar bien si pides en ‘Burger King en casa’.

  • No hagas nada la tarde en que vayas a pedir, dedícala a elegir y confirmar tu compra. Así, conseguiremos que cenes a la hora de la cena y no a la del desayuno.
  • Envía un fax antes de testear el producto (y avísame si tienes un estómago superdotado).
  • Una vez realizado el pedido, apaga el wi-fi o el ordenador en su defecto. Es psicológicamente incomprensible el ‘Estado de tu pedido’.
  • Baja al frankfurt de debajo de tu casa y róbales sobres de mayonesa.

Espero que sepáis degustar como merece un producto como éste. Bendiciones.

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2 comentarios sobre “La experiencia de Burger King en casa

  1. Fantástica descripción del servicio, hoy hemos vivido en nuestras propias carnes todos y cada uno de los pasos expuestos en el relato, muchas gracias por hacernos pasar un buen rato después de lo decepcionante que ha sido la cena, saludos.

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