Kevin Smith, dependientes y ratas de centro comercial.

Si uno indaga acerca del cine independiente americano descubrirá que la gran mayoría de directores han alcanzado una popularidad más o menos alta. Kevin Smith es uno de tantos otros directores con este denominador común.

Lo que sin embargo caracteriza a Smith es la extrema precariedad con la que escribió y dirigió su primer film. La película, titulada Clerks y estrenada en 1994, fue desarrollada con un presupuesto limitadísimo, gran parte del cual vino de el hecho que Smith vendiera su extensa colección de comics. Los decorados se limitan a los interiores del supermercado en el que estaba trabajando Smith en ese momento, la calle de en frente y el videoclub de al lado. Todas las escenas fueron grabadas en horario no comercial, muchas de ellas a altas horas de la madrugada para así no interferir con la jornada laboral del propio director.

Clerks

La historia gira en torno a Dante, un tipo de apenas veintiún años que no consigue encontrarle el rumbo a su vida. Obligado a trabajar en su día libre, el protagonista se rodea de goda clase de personajes: amigos mucho mas centrados que él, una novia que quiere que Dante vuelva a la universidad, el dependiente del videoclub de al lado (mucho mas determinado y con una filosofía de vida muy particular) y dos colgados que pasan droga en la calle de en frente. Todos ellos intervienen e interactúan con Dante durante el transcurso del día, que culmina cuando el personaje principal es puesto a prueba por los mundanos sucesos de la vida adolescente y despreocupada.

El nombre del personaje es una evidente referencia a la Divina Comedia, cosa que tiene sentido, puesto que la película  esta dividida en nueve episodios, que corresponden al numero de niveles que tiene el infierno.

La película tuvo un enorme éxito. Puesto que estaba plagada de personajes reconocibles e identificables, pero que al mismo tiempo poseían un carisma superior a la cotidianidad que buscaban representar, el público quedó prendado de ellos.

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Mas tarde Smith estrenó Mallrats (cuya traducción literal es Ratas de Centro comercial), película cuyo título describe perfectamente a sus protagonistas: dos adolescentes demasiado absortos por sus cómics y videojuegos para darse cuenta de que están echando su juventud a perder. Cuando las novias de ambos los dejan, quedan en el centro comercial para pasar el día (evidentemente sin comprar nada) e idear un plan para recuperar a sus respectivas parejas y rumbos en sus vidas.

Tanto Clerks como Mallrats poseen un encanto que ha evolucionado con el tiempo. En el momento de su estreno consiguieron cautivar al público puesto que presentaban a personajes totalmente reconocibles en entornos cotidianos pero con una sutil chispa de fantasía e inverosimilitud. En Clerks los personajes hablan del sentido de la vida y del futuro de u  adolescente como si hablaran de comprar patatas fritas, el protagonista y sus amigos organizan un partido de hockey en el tejado de la tienda, los fumetas ofrecen consejos propios del mejor psicólogo emocional podría dar y, por si eso no fuera suficiente, se marcan un baile que sale de la nada y no tiene importancia alguna para el argumento mas que ofrecer un poco de locura para que el público se encuentre a gusto. En Mallrats esas situaciones extrañas se potencian y se llevan al siguiente nivel: los fumetas regresan e idean enrevesados planes para ayudar a los protagonistas, construyen artefactos como planeadores o garfios y todo eso evitando la seguridad del centro comercial.

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En Mallrats también se introducen personajes mas arquetípicos, como el capullo que intenta robarle la novia al protagonista (divertidamente interpretado por un Ben Affleck desconocido en ese momento), el padre de la novia que no aprueba la vida amorosa de su hija y un largo etcétera.

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La razón por las que estas películas tienen tanto o mas encanto hoy que en el momento de su estreno es por la agradable sensación de nostalgia. Clerks y Mallrats representan un momento más sencillo, no tan afectado por la globalización, las redes sociales o las nuevas tecnologías. La acción nos sitúa en lugares conocidos pero que en ese momento eran más familiares y agradables. Uno no puede evitar sonreír al ver un videoclub o una pequeña tienda en la que los clientes no solo conversan con los dependientes si no también entre ellos, y eso es precisamente lo que Kevin Smith potenció y lo que le llevó a realizar muchas otras películas que seguirían indagando en los distintos aspectos característicos de su personalidad y visión de la sociedad americana.

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