De vuelta al trueque

En épocas en que los créditos son para comprar plasmas y no casas, en que en el Bar Fernando tienen cambio de 500 y en que tener una tasa de paro del 8% es motivo de satisfacción no se usa el trueque. Sólo pagas. Billetes de todo tipo, de los que tienes bajo el colchón o de los que encuentras en los recobecos del sofá. Da igual. Todo es genial cuando el vecino de abajo se compra un Serie A y el peón sale de la obra alardeando de la adquisición de un ático en el centro. Todo es genial hasta que…

Hasta que incluso la luz al final del túnel se apaga para ahorrar, hasta que empeñas todo el oro del Cigala para arreglar los neumáticos del Serie A y hasta que los Borbones venden el Fortuna. Pues bien, el trueque es la solución ideal. Ya no se trata de conseguir una casa a partir de un clip, se trata de conseguir algo que necesitas a muy buen precio: algo que no necesitas. El orígen se encuentra en el excedente, ‘lo que sobra’. Pero el término ha evolucionado y nos encontramos con la necesidad de cambiar algo sin que lo tengamos repetido. La historia del trueque se remonta a los inicios de la humanidad, y se prolonga hasta nuestros días, en que podemos encontrar todo tipo de ferias del trueque repartidas por nuestra geografía. Además, en Internet encontramos decenas de webs de este tipo, siendo algunas frecuentadas por un número de usuarios nada despreciable.

Sánchez Gordillo, especímen experto en trueques
Sánchez Gordillo, especímen experto en trueques

TRUEQUE DE SERVICIOS

“Cambio trabajo de carpintería por fontanería”. Genial título para la próxima de Nacho Vidal. De nada. Pero no, ese es uno de los anuncios que podemos encontrar en una de las webs que proponen intercambio de servicios entre usuarios. Es, simplemente, genial. Podría pasarme horas mirando las propuestas de los usuarios. Ojo a ésta: “cambio mano de obra de fontanería y a/a por lo que interese“. Esto ya es para dejar ir a la imaginación y ponerla a trabajar en su máximo esplendor. El día en que una marca del trueque pague a un famoso que no #pseudofamosos— y le haga publicar ofertas de intercambio de servicios se forra. Yo voy dejando mis ideas ahí, de manera gratuíta, aprovechad. De nada otra vez.

Venga va, voy con la última: “Cambio trabajos de fontanería por escucho ofertas“. Sí, es literal. La máxima expresión de la capacidad organizativa de las palabras. Es el Casillas del trueque, solo que éste sí que entrena.

EL SUMMUM

No hay nada más allá. Si elijo que me represente alguien en una comisión de fiestas es él. El amigo camina con el churrasco colgando después de esto.  Świebodzice, Polonia, 4 de junio de 1989. Esta fecha es clave para el transcurso de la historia del trueque o de la vida en general. 186 centímetros, 128 kilos de peso. Fajdek de apellido, Pawel de nombre.

Todo parece normal durante el día, en que se muestra más apacible que el Oso Yogui: buenas caras, palabras amables a los periodistas e incluso gana títulos de lanzamiento de martillo, su especialidad. Ya sabéis que no hay prisa cuando el sol se va, pero eso no entra en la filosofía del atleta polaco. Cuando se hace de noche, no pierde el tiempo y le empieza a dar al drinking sin parar. No lo apunto como algo negativo, es simplemente una referencia fisico-temporal que refleja que para hacer notar a esos casi ciento treinta kilos de peso una subida del alcohol en sangre hay que empezar muy pronto y no parar. Además es un tipo cojonudo, de esos que cumplen sus amenazas. It will be a big party tonight, decía en zona mixta.

Dejemos los prolegómenos. Pues bien, el hijo pródigo Fajdek no pagó el taxi pequinés (el Mundial de atletismo es en China) con los yuanes correspondientes, lo pagó con su medalla de oro conseguida por la mañana. Y no es porque no llevara suelto encima. Insistió y, tonto el taxista, aceptó. No es más que otro claro y evidente ejemplo de una persona avanzada a sus tiempos y un partidario acérrimo del trueque. Como ya he dicho antes, lo que entregas a cambio del servicio es algo barato: algo que no necesitas. ¿Quién necesita una medalla de oro que te acredita como campeón del Mundo?

Pero aunque me joda decirlo, nadie es perfecto. Ni siquiera Pawel Fajdek. El arrepentimiento es un sentimiento que juega en contra de los intereses del trueque y su próspero futuro. A la mañana siguiente, y con una resaca terrible, llamó a la policía para recuperar su medalla a cambio del coste del trayecto. Dicho y hecho, y es que supongo que en china no hay chinos, ni taxistas. Encontrarla fue fácil pero inasumible para el mundo ‘truequil’.

EL FUTURO

Sólo veo prosperidad. Se pondrá de moda y nos visitará para quedarse. “Sólo serán unos días”, os dirá con amabilidad. No os lo creáis, es su genial plan para dejar el cepillo en el baño.

Por mucho que acabes pidiendo créditos para ir al Media Markt con solvencia, recurrirás al trueque para tener lo que el vecino tiene. Aunque cuando lo poseas ya no te interese.

 

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